Vuelve el debate sobre “Medicare para Todos”. Ahora viene la parte difícil
A medida que crece la frustración de los estadounidenses con su sistema de salud, una propuesta que durante mucho tiempo circuló en los sectores más progresistas del Partido Demócrata está apareciendo en debates y plataformas políticas: “Medicare para Todos” (Medicare for All).
Según una encuesta de Economist-YouGov de 2025, casi el 60% de los estadounidenses está a favor de un sistema de Medicare para Todos, y entre los demócratas el apoyo crece hasta el 85%. Durante años, los demócratas en el Congreso han presentado proyectos de ley de Medicare para Todos de carácter simbólico, que no tenían posibilidades de ser aprobados, pero que contaban con el respaldo de decenas de legisladores.
En diciembre, el senador demócrata Chris Van Hollen, de Maryland, se sumó a quienes respaldan la propuesta. “Escuché lo que decían mis electores”, explicó. “Hemos llegado a un punto de quiebre. Nuestro sistema es inasequible e insostenible, con primas que siguen aumentando y copagos que suben cada vez más”.
En un momento en que más de 100 millones de estadounidenses tienen deudas médicas, es natural apoyar la promesa de una atención médica gratuita, o casi gratuita, y sin complicaciones.
Pero convertir un lema inspirador en una ley es mucho más complicado.
Esas tres palabras, “Medicare para Todos” —una promesa de ofrecer cobertura de salud universal a todos los estadounidenses—, no significan lo mismo para todos sus defensores. Y todas las variantes de un sistema de este tipo enfrentan obstáculos considerables para convertirse en ley.
“’Medicare para Todos’ es un lema, no una propuesta concreta, así que es difícil tener una opinión al respecto”, dijo Amy Finkelstein, economista del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), quien escribió junto con Liran Einav, de Stanford, el libro We’veGot You Covered, en el que presentan lo que consideran un plan realista y fiscalmente responsable para proporcionar un seguro de salud básico a todos los estadounidenses.
“Lo que podemos permitirnos es un plan básico, lo que llamamos una cabaña, no un castillo”, dijo Finkelstein. Su base sería un plan de cobertura limitada financiado por el gobierno, menos generoso que Medicare y con posibles restricciones, como un número limitado de sesiones de fisioterapia o criterios más estrictos para acceder a una cirugía de reemplazo de rodilla, pero que garantizaría una sólida cobertura básica para enfermedades graves. Finkelstein calcula que la mayoría de los estadounidenses optaría por contratar una cobertura suplementaria.
El defensor político más destacado de Medicare para Todos en esta campaña electoral es Abdul El-Sayed, candidato demócrata al Senado por Michigan, quien ha convertido una propuesta mucho más amplia en uno de los ejes centrales de su plataforma: mucho más un castillo que una cabaña. Su plan crearía una cobertura única que incluiría una amplia gama de servicios médicos sin costo para los pacientes, entre ellos atención dental y de la vista, que el Medicare tradicional no cubre.
(El Medicare tradicional se ha ido pareciendo cada vez más a los seguros privados, con primas y coseguros pero, a diferencia de los planes comerciales tradicionales, no tiene un límite máximo anual de gastos de bolsillo. Para cubrir esas brechas, los pacientes compran pólizas Medigap y planes de medicamentos por separado).
“Lo más importante es hacer que Medicare sea verdaderamente integral, es decir, que la atención médica no tenga costo para los pacientes, y revertir la complejidad y los costos que se han acumulado durante los últimos 10 años”, dijo El-Sayed a KFF Health News.
Su programa comenzaría por cubrir a los niños y a los adultos que estén cinco años por debajo de la edad mínima actual para acceder a Medicare, y ampliaría gradualmente el acceso hasta cerrar esa brecha en un período que, según sus cálculos, sería de ocho años.
Para facilitar la transición del sistema de salud, inicialmente establecería las tarifas de pago de Medicare en montos equivalentes a los que médicos y hospitales reciben actualmente, con el fin de evitar un “impacto brusco en los precios” que afectara sus operaciones. Los aumentos futuros quedarían limitados a la tasa de inflación.
Una de las grandes preguntas es cómo lograr que funcione el financiamiento en una industria altamente rentable. Se proyectaba que el gasto nacional en salud alcanzaría los 5.7 mil millones de dólares en 2025, casi el 20% del producto interno bruto de Estados Unidos.
Estados Unidos gasta el doble en atención médica por persona que muchos otros países desarrollados. Además, el seguro de salud suele ser el segundo gasto más importante de una empresa, después de los salarios.
Pero ¿cómo podría el gobierno redirigir los recursos que actualmente destinan empleadores y hogares a la atención médica hacia un nuevo sistema de Medicare para Todos sin crear nuevos impuestos ni aumentar masivamente el gasto público?
Cuando las encuestas preguntan a los votantes si apoyarían Medicare para Todos si eso significara perder su seguro actual o pagar nuevos impuestos, el respaldo suele disminuir.
“Se podría decidir aumentar los impuestos y ampliar la cobertura”, señaló Finkelstein. “Si no se quieren recortar los beneficios actuales de Medicare, se podría optar por disparar el déficit presupuestario, algo que parece ser una práctica habitual”.
Joe Biden dijo que, como presidente, vetaría cualquier proyecto de ley de Medicare para Todos debido a su costo, estimado en hasta 40 mil millones de dólares en 10 años. Los proyectos de ley presentados en el Congreso no incluyen planes de financiamiento muy detallados.
Los economistas que han analizado las distintas posibilidades están divididos sobre cuál sería un camino realista.
Un grupo de investigadores de Yale calculó que la transición a un programa de Medicare para Todos podría ahorrar 450.000 millones de dólares al año. Esto se debería, en parte, a que un plan gubernamental podría negociar —o simplemente establecer— precios mucho más bajos para hospitales, médicos, medicamentos y dispositivos médicos que los que consiguen las aseguradoras privadas.
También reduciría los gastos administrativos que genera el sistema de seguros privados, con sus ejércitos de negociadores, especialistas en codificación y personal encargado de rechazar reclamos, además de reducir las ganancias de las empresas.
Existen poderosos intereses que se oponen a un ajuste de esos precios exorbitantes a niveles más razonables, especialmente los de las aseguradoras, los hospitales y los fabricantes de medicamentos y dispositivos médicos.
En 2022, estos sectores gastaron más de 700 millones de dólares en actividades de cabildeo y han sido una importante fuente de creación de empleos. Pero una propuesta ambiciosa de Medicare para Todos podría ser simplemente una estrategia para abrir el debate a alternativas menos radicales. La propuesta inicial de la Ley de Cuidado de Salud a Bajo Precio (ACA) del presidente Barack Obama incluía ideas ambiciosas —como la negociación de precios de los medicamentos— que quedaron en el camino para conseguir los votos necesarios para su aprobación.
James Talarico, candidato demócrata al Senado por Texas, apoya lo que llama “Medicare forY’all” —una expresión que podría traducirse como “Medicare para todos ustedes”—, que permitiría a las personas menores de 65 años incorporarse a este programa mediante el pago de una prima.
“Hay versiones de Medicare para Todos que potencialmente podrían incluir nuestra propuesta, y otras que podrían ser extremadamente diferentes”, dijo Finkelstein.
El apoyo también está creciendo en algunos sectores de la industria de la salud.
Según una encuesta, más de la mitad de los médicos ha dicho que preferirían algún tipo de sistema de pagador único.
Aunque la Asociación Médica Estadounidense (AMA) se opone, sus secciones de estudiantes de medicina y médicos residentes están presionando para revertir esa postura. El American College of Physicians, la segunda organización de médicos más grande del país, también apoya Medicare para Todos. Obama describió ACA como un “primer paso”. Fue “una mejora, pero no ha satisfecho las necesidades”, dijo Van Hollen.
Ahora, el creciente número de defensores de Medicare para Todos tendrá que definir cuál será el paso que sigue y qué tipo de sistema puede permitirse.