Cómo COVID tiñe la experiencia de los salones de belleza
A medida que salones, guarderías y oficinas reabren, deben ajustarse a las nuevas pautas diseñadas para ayudar a la economía y evitar la posibilidad de que la pandemia recrudezca.
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A medida que salones, guarderías y oficinas reabren, deben ajustarse a las nuevas pautas diseñadas para ayudar a la economía y evitar la posibilidad de que la pandemia recrudezca.
Algunos empleadores dicen que las pruebas y los exámenes de detección pueden ayudar a reducir las transmisiones y los temores de los trabajadores.
Lo importante, según expertos, es que a medida que los estados reinicien actividades, se continúe practicando el distanciamiento social, se usen máscaras, y se mantenga el lavado de manos.
Algunos expertos sugieren que este enfoque de auto recolección puede proporcionar una forma más fácil de tener pruebas masivas en los Estados Unidos.
Los primeros estudios sugieren que los fumadores que desarrollan COVID-19 tienen 14 veces más probabilidades de necesitar un tratamiento intensivo en comparación con los no fumadores.
Expertos dicen que depender de máscaras quirúrgicas, que tienen un grado de protección mucho menor que los respiradores N95, ayuda a diseminar el coronavirus entre trabajadores de salud.
Funcionarios de la Organización Mundial de la Salud se manifestaron en contra de los planes de algunos países de tener "pasaportes de inmunidad", que habilitarían a salir y trabajar.
En todo los Estados Unidos, COVID-19 está alterando radicalmente la atención médica, no solo para los adultos mayores vulnerables sino también para las embarazadas y sus recién nacidos.
Los adultos mayores, el grupo de edad de alto riesgo de sufrir complicaciones graves o morir por esta condición, podrían no mostrar ninguno de estos síntomas.
Algunos expertos sostienen que las condiciones sociales y económicas, ignoradas durante mucho tiempo, son indicadores poderosos de quién sobrevivirá, o no, a la pandemia.
La epidemia de COVID-19 ha resaltado las profundas debilidades de la industria que atiende a las personas mayores y más frágiles de la nación en centros de cuidado y residencias.
En la Ciudad de Nueva York, ha habido más muertes de latinos por el virus que de otras razas o etnias, según revelan datos preliminares del departamento de salud local.
Las cárceles estatales y de los condados confinan a los presos muy cerca uno del otro, tanto que es casi imposible seguir las pautas establecidas por los CDC.
El ambicioso plan es no solo retrasar, sino frenar, el poder destructivo de COVID-19 a través de la tediosa pero poderosa herramienta de salud pública llamada rastreo de contactos.
Miles de pediatras viven una nueva realidad: reducción de ingresos, padres aterrorizados y escasez de equipos de protección, mientras atienden a los potenciales vectores de la infección.
Autoridades en todo el país están tratando de descubrir cómo reanudar algo similar a la vida normal sin desencadenar una ola catastrófica de enfermedad y muerte.
The Guardian y Kaiser Health News están lanzando un nuevo proyecto, "Lost on the Frontline" (Perdidos en el Frente), para monitorear estos casos, y contar sus historias.
A diferencia de la mayoría de los estadounidenses, que pronto recibirán cheques de estímulo, miles de trabajadores luchan en estos días por comer, pagar la renta y enviar dinero a sus familias.
Son más vulnerables a la infección por el nuevo coronavirus. Y pueden estar enfrentando desafíos imprevistos para obtener atención, quimioterapia, e incluso cirugías para remover tumores.
Como en tantos otros aspectos de este nuevo coronavirus, determinar cuándo un paciente se ha recuperado sigue siendo terreno incierto. Hay directrices, pero la información sobre la enfermedad es limitada.
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