Cuando un amigo se convierte en cuidador

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A younger man walks with an elderly man through a leafy street.
(Maskot/Getty Images)

Durante varios años, Nicole Straight y Patricia Wood, que vivían una frente a la otra en Sausalito, California, fueron más vecinas que amigas: intercambiaban saludos cordiales y, de vez en cuando, tomaban un café.

Luego, en octubre pasado, Wood se cayó, se fracturó el cuello y pasó tres meses en rehabilitación. Cuando volvió a la casa que comparte con su sobrina, ya no podía caminar sin ayuda. “Todavía no me animo a subir o bajar escaleras si no hay alguien conmigo”, dijo Wood, de 93 años.

Esta situación redefinió el vínculo con su vecina. Straight, de 53 años, chef jubilada, ahora la visita todas las semanas: le lleva café con leche, galletas y, a menudo, lo que quedó de las cenas que prepara.

El esposo de Straight instaló una barra de apoyo en el baño de Wood, colocó estantes y cambió las bombillas y las baterías de los detectores de humo. Los mensajes de texto van y vienen constantemente.

Straight llama para decir: “Voy al supermercado, ¿necesitas algo?”. Wood, que ya no conduce, le da una lista de compras.

“Es un regalo del cielo”, dijo Wood, ejecutiva de seguros jubilada. “Hablamos y hablamos. A veces se nos escapan algunas lágrimas, pero sobre todo nos reímos. Nunca pensé que tendría una nueva mejor amiga a esta altura de mi vida”.

El cuidado de las personas mayores, tradicionalmente considerado una responsabilidad familiar, está evolucionando para adaptarse a cambios demográficos que ya no garantizan que se pueda depender de cónyuges o de hijos.

“El número de adultos mayores que nunca se casaron o están divorciados ha ido aumentando, por lo que tenemos más personas envejeciendo solas”, dijo Deborah Carr, socióloga de la Universidad de Boston que ha investigado estas tendencias.

“La proporción de personas sin hijos, por elección o no, también está aumentando”, agregó, y las familias que sí tienen hijos tienen menos que en generaciones anteriores.

Las distancias geográficas o los distanciamientos familiares también contribuyen a la necesidad de otros tipos de cuidadores, y esos roles pueden ser asumidos por amigos o vecinos.

¿Con qué frecuencia los amigos llenan esos vacíos de cuidado? Un estudio publicado recientemente en JAMA Network Open, realizado por investigadores de la Universidad de Michigan, analizó el papel de amigos y vecinos como cuidadores, generalmente en funciones complementarias.

Los investigadores utilizaron datos del National Health and Aging Trends Study, en el que más de 2.600 adultos mayores con limitaciones de salud —con una edad promedio de 79 años— identificaron a amigos y familiares que los ayudaban.

Los familiares eran quienes con mayor frecuencia cuidaban a sus parientes mayores, pero alrededor del 14% de los participantes también identificó a amigos, incluidos vecinos. Los autores estimaron que eso representa 2.4 millones de amigos cuidadores en todo el país.

El año pasado, una encuesta nacional de AARP y la National Alliance for Caregiving estimó que el 11% de los cuidadores brindaba apoyo a personas que no eran familiares.

“Los amigos están entre los cuidadores auxiliares que no han sido reconocidos”, dijo Karen Fingerman, gerontóloga de la Universidad de Texas-Austin y coautora de un comentario que acompañó el estudio. “Pasamos por alto los sacrificios que hacen”.

El estudio, que se considera el primer análisis a nivel nacional sobre amigos que cumplen funciones de cuidado, encontró que actúan de manera diferente a los familiares. Por ejemplo, es poco probable que vivan con la persona a la que ayudan y rara vez son sus únicos cuidadores.

“Brindan menos horas de cuidado”, dijo Yee To Ng, gerontólogo y autor principal del estudio, que halló que los amigos ofrecían en promedio 18 horas de ayuda al mes, frente a unas 67 proporcionadas por familiares.

Pero a veces hacen más cosas

“Los amigos tienen más probabilidades de proporcionar transporte”, dijo Ng. Dos tercios de estos cuidadores llevan a sus amigos en auto a distintos lugares. Ayudar con  las compras, impulsarlos a salir de casa, preparar comidas y acompañarlos a citas médicas completan las cinco tareas más frecuentes.

Pero a veces hacen más.

Czes Ferrino, de 82 años, es viuda y vive sola en Westerly, Rhode Island. No tiene problemas de salud incapacitantes, pero cuando hace poco su auto dejó de funcionar, su vecino de al lado la acompañó a varios concesionarios Subaru para buscar un vehículo usado.

“Me guió durante todo el proceso como lo haría un hijo con su madre o su abuela”, contó Ferrino.

Por otra parte, “hay algunas tareas para las que los amigos quizás no estén bien preparados o no se sientan cómodos”, dijo Ng. El cuidado personal, como bañar o vestir a alguien, sigue siendo en gran medida responsabilidad de los familiares.

“Eso puede afectar la autoestima de las personas”, dijo Ng. “Con la familia, aceptamos que cuando estás realmente enfermo, ellos se hacen cargo de las actividades más íntimas. Es vergonzoso que tus amigos tengan que ayudarte a usar el baño”.

Los investigadores también encontraron que quienes mencionaron a amigos como cuidadores eran más jóvenes que quienes solo tenían familiares en ese papel, y tenían más probabilidades de contar con títulos universitarios. Las personas con mayor nivel educativo tienen redes sociales más amplias, dijo Fingerman.

Quienes recibían ayuda de amigos también tenían, como era de esperar, menos probabilidades de estar casados y más probabilidades de vivir solos, como Ann Greenwater, de 84 años, quien vive en una comunidad de casas móviles en una zona rural del condado de Humboldt, en California.

Se manejó de forma independiente hasta hace unos años, cuando un dolor de espalda intenso la dejó postrada en cama durante casi tres meses. Aunque ahora puede moverse y encargarse de la limpieza, la cocina y su cuidado personal, “en realidad nunca me recuperé del todo”, dijo Greenwater.

Es soltera, no tiene familia, solo un sobrino lejano al que apenas conoce, y dejó de conducir. Pero un grupo de amigos a quienes conoce de un centro budista zen cercano ha dado un paso al frente.

Milli Quam, de 86 años, lava su ropa y se la lleva, y a veces recoge medicamentos de camino. Otra persona de 73 años ayuda a Greenwater con la computadora y, junto con varios otros amigos, la lleva a hacer las compras o compra por ella. Miembros de una organización local de voluntarios la llevan a sus citas médicas.

“Quiero a Ann y me alegra que haya algo concreto que pueda hacer”, dijo Quam. “Espero poder seguir haciéndolo durante mucho tiempo”.

Los amigos tienen algunas ventajas como cuidadores.

“Nuestros amigos tienen nuestra misma edad y entienden lo que estamos atravesando”, dijo Carr. “Pueden tener más empatía y, a veces, conocimientos reales que han adquirido”.

Cuando también hay familiares cuidando, la ayuda de los amigos puede reducir su carga.

Pero los amigos también pueden ser una fuente de ayuda menos estable. Los vecinos se mudan. Pueden surgir tensiones si la persona que necesita cuidados se vuelve demasiado exigente o se siente culpable por aceptar ayuda, lo que puede desafiar las expectativas de igualdad propias de las amistades.

Un estudio dirigido por Carr encontró que estas tensiones pueden intensificar la depresión en personas con limitaciones físicas.

Tampoco existe mucho respaldo de políticas públicas para estas relaciones de cuidado. Por ejemplo, la Ley federal de Licencia Familiar y Médica “salvo escasas excepciones, no ofrece licencia laboral con protección del empleo para cuidar a un amigo con una afección de salud grave”, dijo por correo electrónico Laura Lawless, abogada especializada en derecho laboral y empleo de Squire Patton Boggs.

“Con la familia, la expectativa es estar juntos ‘en las buenas y en las malas’”, dijo Carr. “Existe un enorme estigma asociado a estar distanciado de la familia, pero es bastante normal que algunas amistades simplemente se desvanezcan”.

En Sausalito, Wood le dice a Straight que “no tiene permitido mudarse hasta que yo muera”. Está bromeando… más o menos.

Los amigos de Greenwater en el condado de Humboldt tampoco han desaparecido, algo por lo que ella está agradecida. Pero están envejeciendo junto con ella; Quam dijo que, a sus 86 años, probablemente también deje de conducir dentro de no mucho tiempo.

“Me pregunto qué pasará cuando estos amigos ya no puedan venir a verme”, dijo Greenwater. “Supongo que lidiaremos con eso cuando llegue el momento”.

The New Old Age se produce a través de una colaboración con The New York Times.

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